MARIA GRAÑA: LA APABULLANTE DESPEDIDA DEL TANGO

Posteado el 28/11/2021

Una sala a tope en dos funciones en el Auditorio de Belgrano. Y en sus 50 años con el Tango, La Gran María Graña se despide del género ingresando al escenario con la sencillez de la piba de Urquiza... Casi un rodeo para enmascarar la batería emocional que hará explotar en medio de una sala a la que inundará de música, arte y belleza.

Junto a ella, el brillante Esteban Morgado, compositor, arreglador, anfitrión, y la sonrisa chispeante para matizar el drama encantador de los tangos.

Esteban guarda una orquesta dentro de su compañera: la guitarra. El diálogo cómplice con ella habla de un entendimiento íntimo y un trabajo en conjunto. Poéticamente, siempre quedará la duda si "Esteban conduce a la guitarra o la Guitarra lleva de viaje por sus cuerdas a Esteban". Mejor asi, de los misterios se nutre el arte... y la vida.

Además Walther Castro en bandoneón, Quique Condomi en Violín, Horacio “Mono” Hurtado en Contrabajo que tuvieron alas desplegadas para acompañar la altura de Graña y Morgado. Juntos y en sus "solos" mostraron la caladura artística y la profundidad de sus interpretaciones.

Como invitadas especiales participaron María Garay y María José Mentana.

Fue una noche explosiva desde lo artístico, simbólico y emocional.

Graña en su mejor momento personal y artístico, mostrándose dueña del escenario con la simplicidad de una cantora popular. Junto a ella la imagen iluminada de Osvaldo Pugliese, quien la descubrió en una prueba a los 13 años (a la que concurrió acompañada de sus padres) y la esperó hasta los 18. 

"Cumplí con mis padres, con mis hijos y con la Patria. Me despido del Tango para crecer como artista" dijo María Graña quien se embarca hacia la producción de un trabajo discográfico de música folklórica y boleros. Su padre, también cantor le delegó su deseo de triunfar en el mundo de la música y le heredó su perseverancia para concretarlo. Y así fue, María nunca se quitó el "Graña" como apellido y lo llevó a lo más alto. 

Sin embargo, es tiempo de renovación y propio deseo. María ya cumplió, no sólo con los suyos, sino también con el Tango y con su público. Emocionada recuerda que su abuela como primera espectadora llamaba a sus vecinos para que la escucharan cantar "Zamba de mi Esperanza" y decía orgullosa: "Mi nieta va a ser artista!!!" y no se equivocó ni en un milímetro, la agudeza visual de las abuelas que suelen ver más allá que toda la familia...

Ahora bien. Fueron dos fechas a lleno total. Un público deseoso que superando la abstinencia de la pandemia se volcó a escuchar y presenciar a la cantora que evocó aquellos espacios desaparecidos en la televisión donde se convocaba a músicos nacionales para que los televidentes se referenciaran en la propia cultura eludiendo sociolectos, formas y creencias de otras latitudes que hoy inundan los medios.

¿Será realmente la despedida del Tango de María Graña? ¿Puede sólo la artista disponer su retiro cuando llega a la referencialidad de Graña? ¿El público aceptará esa decisión? Se verá seguramente con el tiempo. Lo cierto es que María entregó todo lo que tiene para dar y abre sus posibilidades a nuevas poéticas y ritmos. Lo mejor para ella!

Luis Bremer