Un 11 de enero pero de 1996, partía el gran Tato Bores, el hombre que supo interpelar el grotesco del poder que pendularmente regurgita idénticos discursos para diferentes tiempos, en la mayoría de las veces.... traicionándolos después.
Esa mirada "alerta" en la que el ciudadano medio se encontraba representado y que con aguda ironía dejaba en "falsa escuadra" a los funcionarios invitados, dejó un vacío inmenso en el arte popular.
Sólo Pinti en su misma huella tomaba el púlpito para gritar a los cuatro vientos la disruptiva historia política y los mamarrachos que en mucho caso supimos conseguir.
Tato monologaba y nos permitía oxigenar con risa, el agobio de tiempos donde sacaban ceros a la moneda, los presidentes pedían por enésima vez un nuevo sacrificio del pueblo para ver en "tiempos futuros" un supuesto progreso, nos vendían espejitos de colores aumentando la deuda externa para pagar deuda y generar negocios de quienes luego se decían "empresarios".
Tato nos falta pero no sus archivos. Buena oportunidad para revisar programas de los 60, 70 y 90 en los que los discursos se repiten, los académicos fingen seriedad y los resultados fueron muy parecidos...